Desde Toji con Richard Ford

Un desayuno y un almuerzo. Una charla formal y otra informal. Una entrega de premios, un concierto y una cena de gala. Un encuentro conformado por breves fragmentos de tiempo, interrumpidos o fugaces, como microsecuencias que forjarían una entrevista con un escritor al que admiro desde hace años. Posiblemente, salvo lo que anoté en mi cuaderno, ya habré olvidado la mayoría de las réplicas que intercambiamos.

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Mis días en Corea del Sur -una experiencia que merece más de una entrada en la rutina de este blog- podrían condensarse en las palabras que el novelista estadounidense compartió con los escritores becados en Toji (la residencia en la que viví durante tres meses el pasado otoño; localizada en Wonju, a unos ochenta kilómetros de la capital del país asiático). Durante un par de días, a finales de octubre de 2018, con motivo de la entrega de un prestigioso premio literario, pude sentarme en la misma mesa que el autor de libros míticos como El periodista deportivo o Rock Springs. Entonces hablamos de la era Trump, de los muros y las fronteras, de la decadencia de un país que “por primera vez”, apuntó, se encontraba en horas bajas. Y, también, de frivolidades, como debe ser. De su resistencia al frío. De su esposa, Kristina. Y de baseball. Acontecían las series mundiales y los Red Sox de Boston, su equipo de cabecera, machacaban partido a partido a los Dodgers de Los Ángeles para alzarse con el título.

Tal vez, hablar aquí de lo privado no sea útil ni necesario. Reflexiones como “casarse es jugar a los dados” o describir a su país como “un lugar rico donde vive mucha gente pobre” dan cuenta de la personalidad de Ford en la distancia corta. Es cierto que, a pesar de su edad, boxea y sale a cazar (lo confirmó) y aún tiene una casa de vacaciones en Montana, paisaje que inspiró varios de sus mejores cuentos. Podría hablar de eso, pero quiero utilizar esta entrada para reencontrarme con algunas de las frases que esbozó aquellos días y anoté en mi cuaderno. Son sentencias fracturadas que ilustran el proceso de escritura de un novelista de éxito o reflexiones sobre la creatividad o la literatura que pueden resultar de interés para los que nos enfrentamos a la página en blanco.

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Recopilo aquí mis anotaciones y sus palabras. Disculpen la traducción defectuosa o cualquier posible error u omisión respecto a lo que Ford dijo en realidad. El pasado también es reescrito en ocasiones por los torpes aprendices.

-“Llevo cincuenta años escribiendo; casi el mismo tiempo que llevo casado con mi mujer”.

-“Si piensas que la escritura es muy difícil para ti, si te sientas a escribir y no escribes, estás haciendo algo mal. No es obligatorio. Debe ser una vocación y no una profesión”.

-“Algunos días escribo 500 palabras, otros, 100. Pero trato de hacerlo todos los días, hasta cuando estoy enfermo o de resaca”.

-“El arte principal de la escritura es el arte de la composición. Ideas o fragmentos distintos se unen, los colocamos cerca y los ordenamos en la página. Nunca antes estuvieron juntos. Debemos componer una nueva lógica en el papel donde dichos fragmentos elaboren un nuevo sentido”.

-“La creatividad se encuentra en cómo conectamos esas partes que no habían estado unidas nunca. El potencial de la creación reside en las uniones (de ideas o textos) que resultan efectivas. La originalidad reside también ahí. Existen conexiones inesperadas que no serían naturales sin un creador detrás”.

-“Es muy importante el momento en que la nota de tu cuaderno pasa a la página de la novela. La nota aislada cobra realidad y peso, sentido y significado”.

-“Trabajo con una libreta donde anoto frases durante el día. Hasta los días que no escribo, siempre escribo algo en mi libreta. Me viene a la cabeza una frase que apunté una vez. Por ejemplo, alguien que dice ‘Tengo talento para la felicidad’. La escribo en mi libreta. No sé quién la pronunciará más tarde, no sé en qué novela aparecerá, pero tiempo después volveré a mi cuaderno y seguirá ahí. La redescubriré. Tarde o temprano, encontraré también al personaje que la merezca y la ponga en su boca. La anotación aislada hallará su lugar, al fin, en el conjunto del relato”.

-“Durante la escritura vas tomando decisiones todo el tiempo. Cuando decides tramas o personajes, avanza la novela, pero al avanzar tus posibles elecciones van disminuyendo. Cuando vas por la página cien, tu nivel de decisión es menor que al comienzo. Al saber esto, siempre trato de mantener abiertas, el máximo tiempo, todas las posibilidades del texto. Debemos tener presente un sentido abierto de la historia. Ser inclusivos y no excluir a través del contenido. Me refiero a la trama, a los personajes, a los acontecimientos del relato… El universo enorme de la página en blanco va haciéndose un callejón angosto, cada vez más cerrado, conforme la obra está avanzando”.

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-“Es importante que el autor tenga el control de lo que escribe. Yo soy el escritor, por ello, yo estoy al mando. Puede ser una debilidad (el exceso de control), pero trato de que el relato dependa de mí y, no tanto, yo de él. Soy responsable de todas las palabras que escojo. Me gusta tomar decisiones. Tomar decisiones es mi naturaleza, porque yo soy el autor“.

-“Debemos escribir libros que sean más inteligentes de lo que somos nosotros. Por eso, nuestro libro, lo que escribimos, es tan importante. El libro que escribes es siempre más inteligente que tú”.

-“La premisa de la escritura es el entendimiento. Por ejemplo, hablar sobre tus padres, cuarenta años después de su muerte… El proceso que realizo para contar esa historia familiar es el mismo proceso que hago para entenderla en mi cabeza”.

-“No creo en el talento. Creer en el talento es como creer en Dios. No necesitas talento para ser feliz. Necesitas tenacidad, fuerza, constancia, persistencia… Escribe sobre la cosa más importante que conozcas. Los grandes temas, la vida y la muerte, la familia, el miedo a perder lo que tienes. La historia de la disolución de una familia es la cosa más terrible que podemos afrontar en la vida”.

-“Para ganar el Premio Nobel tengo el color de piel y el género equivocados”.

-“¿Que cómo se escribe una buena novela? No tengo una respuesta para una pregunta así.  Lo que te puedo decir es: ¿Antonio, sabes distinguir una buena novela cuando la lees? Si eres capaz de eso, entonces, ya tienes la mitad del camino hecho para poder escribirla”.

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