Cormann, Frankenstein y Escandinavia

EL AUTOR EMANCIPADOR, EL RIZOMA Y ENZO CORMANN

Hace dos semanas tuve la posibilidad (y la inmensa fortuna) de asistir al taller que Enzo Cormann impartió en Draft.inn. Entre el 7 y el 9 de mayo, Cormann deleitó a los allí asistentes con su visión acerca del teatro. Vaya, lo que suele hacer un maestro. Fue un taller de escritura dirigido a escritores con vinculación escénica, pero, como es habitual en estos encuentros, cuando tratamos de hablar sobre escritura teatral, terminamos llegando a un debate profundo y airado sobre el hecho escénico: analizando desde la palabra dicha/escrita a la interpretación del actor, desde la importancia del público hasta del la utilidad del último foco encendido sobre el escenario.

El taller, 9 Hipótesis para 9 obras futuras, partía de un presupuesto poco habitual en este tipo de seminarios. Antes que hablar de una obra finalizada, por ejemplo, de un texto ya escrito, los nueve autores participantes del taller exponían una hipótesis de texto-por-desarrollar que pretendían escribir (o no, quién sabe). Es decir, en algunos casos ya existían las palabras que conformarían una pieza, pero en otros, tan solo se tenía una imagen, una idea que servía de punto de partida o, sencillamente, un personaje. Durante el taller, cada uno de los autores exponía su “hipótesis dramática” para más tarde, recibir de Cormann -y del resto del grupo- sus impresiones. Desde las posibilidades de escritura de dicha hipótesis accedíamos a las dificultades de la propuesta. Desde los problemas que nos encontraríamos en el desarrollo del texto hasta los hallazgos para que ya a priori tenían algunas ideas. Así hasta el infinito.

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Antes de esto, como introducción a su trabajo, el autor de obras tan dispares como Mingus, Cuernavaca o Fuera de juego nos citó una breve anécdota que suele tener en mente cuando se enfrenta a un taller de estas características. Partiendo de El maestro ignorante de Rancière, donde un pedagogo francés viaja a Bélgica y describe cómo enseñar un idioma que él mismo desconoce, Cormann encuentra la principal clave a la que debe enfrentarse un dramaturgo en la actualidad. “Del mismo modo que existen profesores que eligen un camino u otro, encontramos autores dramáticos capaces de un teatro embrutecedor. Los embrutecedores, como aquellos maestros descuidados de nuestra infancia, son aquellos  autores que se saben poseedores de la sabiduría y se dedican a sustraerla al espectador. Le dictan: esta es la verdad que yo conozco. Los emancipadores, esos que incendian la imaginación del otro, son los autores que saben que el público debe tener su sitio y que dejan espacio para que sean ellos los que generen su propio sentido de la pieza, al igual que lo tienen -ese sitio- el director, el actor, el autor… Debemos, por tanto, ser autores emancipadores.”

10305076_768812943142902_5816209955235448252_nTras esta declaración de intenciones, Cormann fue analizando cada una de las hipótesis presentadas. Su preocupación, en muchos casos, se centraba en el estatus o la intención de la palabra. ¿De dónde surge? ¿A quién? ¿Por qué? “La palabra dicha es lo que importa en el teatro. Olvidemos la palabra escrita. Esto no es un texto”, afirmaba. Tres días tuvieron que pasar para que llegara el-gran-momento-rizomático. Un compañero, al conocer que asistiría a este curso con el autor francés, me advirtió: “Antonio, prepárate para no dejar de hablar del rizoma.” Y, no por más esperado, fue menos sorprendente. No voy a entrar a desarrollar qué es o de dónde viene la escritura rizomática, para eso están los estudiantes de teatro (o la inquietud de cada cual), pero hay que advertir la preocupación de Cormann por este concepto. Para él, la escritura teatral sólo puede tener sentido desde la actualidad. El hoy. Un hoy donde ya no tiene cabida ninguno de los sistemas o métodos conocidos hace veinte o treinta años. Un hoy donde la escritura teatral decimonónica, las bases de ese drama realista instaurado por Chéjov o Ibsen, no tienen sentido ni razón. Aristóteles queda muy lejos. La realidad de hoy día es irrepresentable. Los acontecimientos históricos múltiples e incontrolables. El mundo es impensable. Uno se pregunta cómo transmitir todo esto a través del teatro, cómo transmitir la complejidad del mundo teatralmente. La rapsodia, en el sentido francés del término, nos habla de contenidos heterogéneos cosidos entre sí y con las costuras al sol.

“Es imposible dibujar un pensamiento de lo que condiciona nuestras existencias. La realidad es irrepresentable pero, como el bambú, posee brotes que sí pueden ser representados. La condición postmoderna del mundo impide representarlo de otro modo. Esta es la única manera de llegar hasta el magma caótico que guarda el mundo en su interior.”

Este aspecto (vegetal) sería el que para Cormann tiene el rizoma:

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ALGUNAS CITAS

 “En los textos deben existir desequilibrios, carencias, fallas, huecos… Un texto no es a una representación cerrada o perfecta del mundo.”

“¿Qué es el público?, ¿son seres libres o cajas vacías que debemos rellenar con nuestras ideas?”

“Una idea (una hipótesis teatral) no forzosamente es interesante a la hora de hacerla en teatro.”

“Ser ambicioso en el teatro está por encima de todo. Hay que pretender convocar al mundo en el teatro. Es preferible ser ambicioso para no caer en el obstáculo, al primer momento. Hay que buscar la ambición porque, si no la buscamos, terminaremos escribiendo la típica obra de Él le habla a Ella.”

“En pleno siglo XXI, se tendría que renunciar a la resolución final (de las obras).”

“La frontalidad paraliza a la hora de enfrentarse al tema de una pieza dramática. Como en el mito de Medusa, debemos utilizar nuestras armas y buscar otros puntos de vista. No mirar directamente. Desviarse o dar un paso a un lado es importante, usar el reflejo en el escudo de Atenea…”

“El hombre vive de aquello que le mata.”

“En el teatro no hay texto, sólo palabra.”

“El mundo no es legible. Hay que rechazar la fábula.”

“Más allá del periodismo, la sociología, la narrativa o el guión de cine, debemos escribir para teatro aquello que sólo pueda escribirse para un teatro, decirse en un teatro.”

“La forma lo más libre posible, pero no permitamos la ausencia de forma.”

“Cuando escribimos, no podemos pensar voy a escribir esta escena así para ilustrar mi tema. No. No queremos algo que ilustre el tema, sino que perfore la realidad que estamos tratando.”

“No hay nada que provoque más la palabra que el silencio.”

“Estamos construidos por lo real, que es mucho más fuerte que nuestra capacidad para representar. Hay que ser móvil, utilizar muchos rostros, esconderse, como un guerrillero en la jungla…”

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FRANKENSTEIN: EL PODER DEL ACCIDENTE DE MATÍAS FELDMAN

Durante el curso de Enzo Cormann, sin llamar demasiado la atención, se hallaba entre la audiencia un oyente un tanto especial. Matías Feldman, autor y director argentino, se encuentra escribiendo su último texto en España con motivo de una beca Iberescena. En la actualidad, gracias a esta ayuda, colabora con Draft.inn de manera activa. Tras el curso de Cormann llegó su momento. La semana pasada impartió un seminario de creación escénica. De contenido más práctico, orientado al trabajo de directores y actores, trabajó a partir de lo que él denomina el presupuesto del “accidente” como motor de las historias.

Por diversos motivos, no tuve tiempo de realizar este taller, pero pude disfrutar del discurso de Matías durante los días prevíos. Su búsqueda como autor-director parte de un ejemplo concreto. Aunque quede dibujado un apunte, podemos entender mejor a este autor y su trabajo con estas palabras:

“Para encontrar la organicidad de las propuestas y huir de la comodidad del creador, yo siempre pienso en la historia de Frankenstein. Todos conocemos el mito de Frankenstein, cómo se organizan las partes de otros hombres, presumiblemente ya muertos, en un nuevo ser. Todos conocemos cómo el doctor Frankenstein trabaja en su criatura. Cómo usa la lógica, el control, y le proporciona electricidad. Piensa que así podrá darle vida, pero no es el caso. Descubre que con la electricidad el monstruo no adquiere vida. Entonces, asume que darle vida a su criatura es algo que le excede, algo que un simple hombre no puede otorgar, por lo que idea un mecanismo eléctrico que, a través de una cometa, pueda acceder al corazón de una tormenta. Sólo a través de un rayo, Frankenstein cobrará vida y se hará real. Sólo a través de la tormenta, aparecerá la vida. ¿Y qué es una tormenta? El caos. Lo incontrolable. Lo accidentado. Lo sobrenatural. Algo así es la dramaturgia para mí: un lugar abierto a lo incontrolable, que exceda al propio autor, que nos resulte incómodo… Debemos ser transmisores de esa electricidad, dejar que pase a través de la cometa y no controlarla. Desde este planteamiento, desde este lugar a la hora de trabajar, nuestra escritura será orgánica y estará llena de vida: como la de Frankenstein.”

Es curioso que sobre el poder de la tormenta he escrito anteriormente en el blog. Leer entrada.

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NORUEGA

Para finalizar, siguiendo con las actividades que desde Draft.inn se han propuesto para este mes de mayo, tratando de no alabar en exceso las bondades de este espacio pionero en Madrid (que lo merece, por el coraje de sus fundadores), quiero recordaros que la próxima semana, el 30 y 31 de mayo, se realizará en el Teatro Español un ciclo de lecturas dramatizadas de autores noruegos contemporáneos. En la Sala Pequeña, a las 23 horas y por 8 euros, se realizarán las lecturas dramatizadas de dos autores escandinavos de primer nivel: Yo soy el viento de Jon Fosse y La casa de hielo de Marit Tusvik. Tras la lectura de sus textos, se producirá una charla en la cafetería del Teatro Español. Los que asistimos a las anteriores lecturas, de autores alemanes en 2013, recordamos que fue una iniciativa que propició un encendido y entusiasta debate una vez finalizaron. Evento muy recomendable que ningún amante del teatro, sobre todo de la dramaturgia contemporánea, debería perdérselo.

VERANO

El verano se acerca y, con el buen tiempo, mi participación en el laboratorio de escritura de la Fundación SGAE está a punto de finalizar. Han sido cuatro meses excelentes, rodeado de un grupo admirable de dramaturgos, y espero que muy pronto podamos tener la publicación de los textos que allí se han escrito. Me encuentro muy contento con el resultado y con la experiencia, pero aún no pienso marcharme de vacaciones. Muchas buenas noticias están apareciendo en estos días y estoy deseando compartirlas en el blog. Espero en el próximo post hablar de forma más extensa de todas ellas y organizarlas en el tiempo. Aparte de los éxitos foráneos de Fair Play, con su publicación al italiano y una nueva producción en Argentina a final de este mes de mayo, estrenaré un nuevo texto en Madrid durante el mes de julio. Además, otras actividades relacionadas con mi obra encontrarán su lugar durante el periodo estival. Os voy contando…

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