El viaje de Elbüa. Ideas sobre el taller de Alfredo Sanzol en La Térmica.

ELBÜA.- ¿Cómo puedo no buscar aquello que quiero encontrar?

Esta pregunta que la joven Elbüa dispara a su sensei resume el dilema al que todos los asistentes al taller de Alfredo Sanzol nos hemos enfrentado durante estos días. Digamos que no es un dilema propio del grupo que allí nos encontramos, sino que es un conflicto compartido con todos los creadores. El proceso creativo, el viaje de construir un personaje desde la escritura (o la interpretación), la lucha por desarrollar una trama que nos envuelva, nos lleva a hacernos esta pregunta recurrente a lo largo de nuestro camino. Muchas veces abusamos de la claridad, nos lanzamos hacia el objetivo directamente, utilizamos la vía más corta… aunque de algún modo no sea la más satisfactoria. Porque en la rapidez del hallazgo advertimos que hemos hecho trampa. Descubrimos que usamos referentes ya conocidos o poco originales, que no luce nada nuevo bajo el sol, que nuestra gran idea no es tan buena, que a la hora de resolver cuanto antes, en verdad estamos nublando las infinitas posibilidades de lo-que-podría-ser. Por tanto, nos quedamos en la superficie, en la corteza, y no llegamos a nuestra verdadera meta, al núcleo de lo que nos inquieta.

Estos tres días en La Térmica de Málaga fueron muy inspiradores. Para todos aquellos que no pudieron estar allí y rompiendo el secreto del sumario, escribo estas líneas para compartir con vosotros algunas de las ideas.

images (1)

EL PROCESO

Gracias al Laboratorio Rivas Cherif del CDN, cerca de dos decenas de compañeros, entre actores, directores y dramaturgos, fuimos seleccionados para realizar el taller El actor-narrador. A través de esta idea con la que Alfredo trabaja, podemos decir que los actores sienten que están escribiendo y los autores, que están actuando.

Durante tres días, realizamos una serie de improvisaciones que surgían del imaginario de algunos de nuestros compañeros. Utilizando diferentes mecanismos -un deseo, una breve entrevista, un texto escrito, una canción- se planteaba una improvisación. Ésta arrancaba con una idea que en su desarrollo culminaba en una verdad, pero una verdad oculta, dura, lejana de esa primera idea inicial. Como ejemplo, en una de las impros, se planteó una escena en la que una chica le cuenta a su madre que se avergüenza de su padre y de su familia paterna, y culmina la improvisación con una pregunta inesperada: “Mamá, ¿papá es mi papá?”.  Al intentar resolver la idea inicial hemos llegado a un terreno sombrío. El resultado de cada improvisación genera una pequeña historia que comienza con un giro y termina con otro. Con estos elementos tan básicos, fuimos construyendo unidades dramáticas (escenas). En sólo dos días ya teníamos un borrador de obra. A pesar de haber evitado las conexiones y huido de la causalidad… A pesar de que tres personas distintas realizaron tres improvisaciones cada una, guiadas por su propias inquietudes, las nueve escenas resultantes podían relacionarse. Todas ellas giraban en torno a la identidad. En muchas se compartían personajes, tramas, lenguaje. Por último, ya finalizado el proceso, se procedía a realizar una escaleta de la “posible” obra. Con ella se podía establecer ya un orden cronológico. Y, a través de ella, cualquier autor podría comenzar a escribir un texto con un más que valioso material dramático.

Alfredo_Sanzol

APUNTES EN SUCIO

“Al actor no se le debe excluir de la técnica de la dramaturgia.”

“A veces, pensamos que escribimos algo auténtico y en realidad hablamos de la memoria de otras ficciones.”

“No olvidemos nunca que contamos una historia, construimos una narración.”

“Al realizar un trabajo de claridad, evitando imágenes que ya conocemos, utilizamos el recuerdo para descubrir aquello que nos inquieta.”

“Si utilizamos el recuerdo, cuando comenzamos a escribir, no somos responsables de lo que pasó. Pensar que ya ha ocurrido nos ayuda a evitar el peso de la responsabilidad. Es algo liberador.”

“No pretendamos dar a lo que escribimos una sucesión temporal, o de sentido, hasta el final.”

“Construir cada escena como única, sin ningún tipo de prejuicios.”

“Encontremos soluciones que generen nuevos problemas. Avancemos en la solución, sin evitar el problema.”

“El tema del que trata nuestra obra no es necesario abordarlo directamente. Lo descubriremos a la larga. Incluso mucho tiempo después de haberla escrito puede que aún no sepamos de qué trata.”

“Hay una parte del cerebro que no le gusta nada. Cualquier cosa que escribas, ahí está para decir que no le gusta. No hay que escuchar a esa parte del cerebro. Puedes escribir Hamlet y te va a decir que no le gusta. Esa parte del cerebro dice: ¿Elsinor? ¿Qué nombre es ese? Parece una empresa de transportes, mejor lo voy a llamar de otra manera, algo más poético…

426659_okean_voda_podvodnyj_1680x1050_(www.GdeFon.ru)

EL VIAJE DE ELBÜA

El último día, una compañera comenzó a crear sus improvisaciones. La única nota que tenía era que su historia debía estar impregnada del género de aventuras. Fue así como nació Elbüa, una criatura anfibia que vive en una civilización sub-acuática, comandante  de la nave submarina Supra, que es enviada por su pueblo a un destino incierto y peligroso. Durante su odisea, se enfrentará al Eje del Mal y al Capitán Scorpio, una coalición de fuerzas oscuras que pretendían acabar con aquella civilización. Elbüa, a través de su viaje, descubre algo que no conocía antes de partir hacia lo desconocido. Elbüa tiene un poder, pero no sabe cuál es. Ella quiere llegar hasta él, conocerlo, dominarlo y así poder salvar a su pueblo, pero cuando ella le pregunta cómo llegar hasta él, su maestro le dice que el día que deje de buscarlo, será el día en que lo encuentre. Algo así experimentamos durante el taller cada vez que el autor de En la luna intervenía. Su moderación, siempre acertada, ocurría cuando se vivían bloqueos, callejones sin salida, pero, especialmente, nos indicaba cuando estábamos interrumpiendo lo que de verdad queríamos contar. Siempre que aparecía el prejuicio, el esto-no-va-a-gustar o el esto-va-a-gustar, paraba la improvisación. Siempre que se notaba que estábamos hablando por otros… Siempre que había manipulación…  Siempre que forzábamos la búsqueda… Siempre que cerrábamos una puerta, él aparecía para abrirla. Siempre que deambulábamos alrededor del conflicto, él proponía lanzarse de lleno, sumergirse, sin dudarlo. Porque la única manera de llegar a encontrar una voz única es dedicarnos a no buscarla, dejar que nuestro yo fluya. El paradigma de la no-búsqueda para llegar al hallazgo. Para encontrar nuestro poder único. Como Elbüa.

Anuncios

3 Respuestas a “El viaje de Elbüa. Ideas sobre el taller de Alfredo Sanzol en La Térmica.

  1. Muchas gracias por tu generosidad a la hora de compartir tus experiencias en el taller de Alfredo Sanzol. Nos hace estar a todos los que no pudimos ir. Un saludo.

  2. Pingback: La ley de la Oferta: Un ejercicio made in Mark Ravenhill en Frinje 2016 | Antonio Rojano·

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s