La HBO de nuestros abuelos

Teatro radiofónico, ficción sonora, radioteatro… Un espacio intermedio entre la representación teatral y la lectura. Un edificio abandonado, pleno de escombros, dentro de nuestro teatro. Recordemos los tiempos de Historias para no dormir de Chicho Ibáñez Serrador -que traspasó el medio y terminó en TVE- o aquellos seriales radiofónicos que eran la HBO de nuestros abuelos.

En la radio con CHICHOUna televisión en cada hogar fue el comienzo del fin. Con la aparición del maldito aparato, la ficción fue emigrando al espejo negro. Este proceso es concebido como algo natural. Puro darwinismo. Pero, ¿por qué el teatro radiofónico sigue triunfando en Inglaterra o Alemania? La BBC emite unas 500 propuestas de radioteatro cada año. Beckett o Pinter escribieron gran parte de su obra para este medio. ¿Y aquí? Aquí, pues poco o muy poco. En fin, lo que viene siendo nada.

El radioteatro se genera en un espacio evocador, sorprendente, tan teatral como lo es nuestra imaginación. En estos tiempos precarios, de monstruoso IVA y pérdida de espectadores, precarios de espacios y de presupuestos, con la lágrima perpetua y la queja de bandera, ¿no sería este edificio abandonado uno perfecto para okupar? ¿Por qué no hay un solo programa permanente de ficción radiofónica en todas nuestras radios, públicas o privadas? Y si me estoy equivocando -algo muy probable- y alguien en alguna parte está realizando una labor titánica al respecto, ¿por qué no se conoce y difunde dicho espacio?

Imaginémonos Orsons Welles. En la actual explosión creativa que se vive en torno al teatro, con la revolución atómica de las formas y los géneros, imaginemos el supuesto. Olvidemos la losa de lo visual por un instante. Imaginemos ese programa de radio en el que, periódicamente, se emitan ficciones. Que sea un lugar de encuentro para nuestro teatro. Encuentro entre autores, directores, guionistas, actores… Que a la vez sirva, por qué no, como cantera de jóvenes escritores, un espacio en el que probar sus primeros textos. Que además, imaginemos muy lejos, en él se puedan promocionar las obras que hay en nuestras salas, en el off, con breves fragmentos grabados de lo que allí dentro nos espera.

Orson Welles 001 War Of The Worlds 1938

Muchos intentos de recuperación se han producido en nuestro país, con Pedro Meyer y RNE a la cabeza. En 2006 se convocaron unos Premios de Radioteatro que luego fueron mutando, lentamente, en un concurso de relatos de terror. Existe anualmente un premio, el Margarita Xirgu, que celebra la mejor propuesta de teatro radiofónico de nuestro país. Pero, como suele ocurrir con los premios, una vez fallado, alguien echa una pala de tierra sobre el muerto y el cadáver desaparece.

El año 2012 tuvo aproximadamente unos 525.600 minutos de vida. Si olvidamos los relatos de terror, una versión de La vida de Brian y otra de una novela de Eduardo Mendoza, 74 minutos en RNE, un 0,014% del total del año, fueron específicamente de teatro radiofónico. La llamada Ficción Sonora propuesta por la Fundación Autor contaba con cuatro obras breves de Juan Mayorga, Sanchís Sinisterra, Alfredo Sanzol y Vanessa Montfort. Demasiado poco, ¿verdad? Parece que esta misma iniciativa tratará de tomar un lugar visible en la Sala Francisco Nieva del CDN del 24 al 30 de junio. Al menos, así dicta su programación. Bien por Ernesto Caballero y Nicolas Jackson, director del proyecto y amante del género. Esperemos que éste sea un primer paso.

Por mi parte, he puesto mi granito de arena escribiendo hasta el momento dos obras de teatro radiofónico. La última de ellas, Una magnífica desolación, una propuesta inverosímil sobre la llegada del hombre a la Luna, permanece inédita y espera ansiosa que llegue el gran día en el que dé el salto a las ondas. La pieza anterior, Yo también camino como Jayne Mansfield, recibió el I Premio de Radioteatro de RNE allá por 2006. Aunque su montaje no fue tan profesional como los de ahora en Ficción Sonora, tuve la suerte de asistir a La Casa Encendida para su estreno. Entonces, se realizó una lectura dramatizada del texto y se añadieron efectos sonoros. La obra fue emitida en directo por Radio 3 de RNE. A pesar de ser uno de mis primeros textos, con lo bueno y, sobre todo, con lo malo que ello conlleva, le tengo especial cariño. El resultado -si me disculpáis la rudimentaria grabación- aquí podéis escucharlo.

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