Breve guía para apostar en las carreras de caballos del arte dramático

Long time ago un conocido me pidió un texto desenfadado y algo provocador sobre teatro. El osado conocido pensaba incluirlo en su blog.

images (6) ¿Qué pasa por la cabeza de un espectador a la hora de decidirse por un espectáculo? Cuando toma el periódico y busca su plan teatral para el fin de semana, ¿podría ocurrir algo parecido a lo que siente un pobre ludópata a la hora de jugarse los cuartos por un caballo ganador que le satisfaga?

A continuación, el ‘obsceno’ resultado:

Breve guía para apostar en las carreras de caballos del arte dramático

Ir al hipódromo y apostar en una carrera de caballos es una de las más nobles estupideces que alguien puede cometer en su vida. Pero ya que estamos aquí para cometer estupideces, diremos que el apostante que consigue acertar los seis ganadores de cada una de las seis carreras del día, puede considerarse como un estúpido alegre y satisfecho. La gran mayoría de seres humanos acude al hipódromo y apuesta a los caballos por el nombre que éstos tienen. Algunos pierden, unos pocos aciertan alguna vez, otros abandonan, muchos conocen la derrota… y tal vez juran no volver allí por el resto de su vida. Bukowski dijo que ir al hipódromo y apostar a los caballos por su nombre es como quedarse en casa jugando al bingo con la abuela. Yo digo algo mucho menos ingenioso. Hacer eso es como salir un viernes-noche a la calle, meterse en el primer teatro que encuentres a tu paso y esperar a que te cuenten una historia en condiciones, que los actores sean cojonudos y que esa tragedia aristotélica te cruja-por-dentro del mismo modo que le gusta a tu padre crujir-por-dentro en Navidad las malditas nueces de California. No esperes a que vengan los Reyes Magos, majo. No tendrás esa suerte este año. Entonces, ¿cómo hacemos para elegir el caballo que ganará la quinta carrera del día? Miramos el programa o abrimos el periódico y ahí lo tenemos. Nombres y más nombres, caballos, dramas, estadísticas, horarios, actores, jinetes, hipódromos, cuadras y demás salas alternativas. Si desconocemos el mundo de los caballos, ¿en qué te basas para elegir de la manera correcta? Si es que acabáis de llegar a este mundo, aquí os ofrezco una mínima guía para apostar en las carreras de caballos del arte dramático.

LOS JOCKEYS NO SIEMPRE SON GUAPOS

Son lo primero que nos llama la atención al abrir el programa. Para los novísimos, llevan el peso y la fama, la gloria de las carreras. Son la puerta de entrada, la actualidad. Influyen en el recorrido y pueden agotar a un caballo antes de que llegue a la primera curva. Apostar por un mal jinete es una pérdida segura. Si hay una carrera para potros menores de tres años donde corre Mario Casas o Hugo Silva, el contabilizador de premios indicará que las apuestas lo dan como favorito. Pero ser favorito y andar 2/1 en las apuestas no quiere decir que vayas a ganar la carrera. Todas las adolescentes de la ciudad habrán apostado por él, pero por mucho que corra el caballo, por mucho Hamlet que tenga entre las piernas, olvídalo. No gastes un centavo en ese potro de tres años. Es una máquina de romper dinero. Lo mismo digo para otros jinetes salidos de hipódromos como Al salir de clase, El Internado o Física o Química. El marketing poco tiene que ver con el arte, el tocino con la velocidad… y de eso va el teatro, de arte y de velocidad. No mezcles leche, mazapanes y salsa americana. Los jinetes no son tan guapos como José Coronado (¿?) ni tienen las curvas de Ana de Armas. Miden menos de 160 centímetros y no necesitan Me gusta en Facebook. Sólo son jinetes y deben guiar al caballo hacia la meta. Ser los primeros en llegar, eso es todo. Esconderse y no exhibirse en el instante fatídico de la foto finish, que no photocall. Lo mismo digo para los directores y las compañías, hay cuadras que funcionan mejor que otras aunque vistan rayas verdes con rosa fucsia y no se hable de ellas en el Sálvame Deluxe.

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Este jockey no tiene fusta sino una varita mágica. Eqqus.

LOS PREPARADORES ESCRIBEN

Muchos, por ser personajes históricos, son los más conocidos y los grandes culpables de que el potro recién nacido llegue presto a la meta, anticipándose a sus compañeros de generación. Aunque normalmente, según las carreras, encontraremos una gran mezcla de caballos y de preparadores compitiendo entre sí. Tantos preparadores como géneros dramáticos. Tantos como nacionalidades y colores hay en las banderas de un hipódromo.  Años y siglos se baten en idéntico verde. Aunque estar al tanto de los contemporáneos es mucho más complicado. Somos capaces de apostar siete veces por el mismo caballo, solo porque lo preparó W. Shakespeare, y no somos capaces de vislumbrar un ganador por el mero hecho de que lo preparó un desconocido. Es poco glamuroso seguir vivo. Dímelo a mí, que tengo 120 pulsaciones-por-minuto en reposo. Así que a la hora de hacer nuestra apuesta, pensemos. No es lo mismo un semental de muchos años entrenado por Eurípides (patriarca de los preparadores griegos, regia catarsis trágica, clasicismo de 2200 metros, correr atrás, esperar y esprintar a falta de 200 para el poste de meta) que una yegua yearling de Sarah Kane (estilo look-back-in-anger inglés, apenas 1000 metros a tope, correr delante y tan rápido que podrás ver la sangre menstrual de la bestia salpicando hasta la tercera fila). Debemos saber lo que nos gusta, ante todo, siempre que visitemos un hipódromo. Si nos gustan las cuchillas de afeitar o que nos den Educación para la ciudadanía o un master de risoterapia franquista o que nos escupan a la cara. Nos ahorrará disgustos innecesarios y mucho dinero.

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Postfunción: espectador asiduo al teatro contemporáneo . Blasted.

LOS CABALLOS NO ESTÁN MUERTOS

Y al final, los protagonistas de todo esto… Los caballos. Otelo, La muerte de un viajante, Fedra, Esperando a Godot o Un tranvía llamado deseo. Grandes purasangres que ganaron, ganan y ganarán carreras. Los hay, últimos vencedores, como el criollo de La omisión de la Familia Coleman, que cada primavera vuelve a dar su vuelta de honor al hipódromo del Español. Los hay, también, viejos quinceañeros con grandes victorias y sonados fracasos entre cuartos traseros. Hay purasangres fuertes, potentes o débiles del mismo modo que encontramos en la naturaleza insectos que se equivocan de camino al cruzarse con tus New Balance, perros-patada-Hilton o leones marinos de dos cabezas. Puro darwinismo. Pura lógica. Sólo tienes que encontrarlo. Buscarlo. Dar con él. Tener un gran caballo entre las piernas lo hace todo más fácil. That’s what she said! Los caballos son organismos vivos. Necesitan de un ecosistema idóneo para ganar. Equilibrio. Recuerda tu libro de Conocimiento del Medio. El equilibrio del ecosistema es necesario. Todas sus fuerzas deben trabajar en el mismo sentido, hacia el mismo fin común: la vida. Preparador, Jinete y Caballo son uno solo… y el público hará el resto una vez que esos animales de 600 kilos estén bien preparados y montados. Y si todo va bien, el público se mantendrá hasta el instante final, toda la lucha, levantado de su asiento y con los prismáticos ajustados para no perder detalle. Y una vez felices, apretarán tan temblorosos sus boletos de apuestas como un niño que juega a transvasar la sangre de su cuerpo tras su primer encuentro youtubesiánico con María José Suarez.

Espectadores buscando la obra perfecta en la Guía del Ocio. The Misfits.

Espectadores ante la ‘obra perfecta’ de la Guía del Ocio. The Misfits.

LA BÚSQUEDA DEL ‘OUTSIDER’

Pero a veces, no queda otra que resignarse. Todo lo que escribo aquí es una guía para acertar, pero el acierto no es una ciencia exacta. Acertarás más, pero no siempre. Muchas veces no tenemos la más mínima idea de los jockeys, de los preparadores o de los caballos que están sobre la hierba. Nos encontramos perdidos. Dejemos jugar al azar, participar… También entre esos desconocidos se encuentra el outsider, la sorpresa, el caballo ganador por el que nadie nunca hubiera apostado. Ahora recuerdo a La función por hacer*. Caballo de relleno, con anteojeras y difícil en salida, destinado a carreras menores durante 2010, que fue creciendo hasta que este año triunfó a lo Seabiscuit llevándose el Derby de los Max.  Así que, sí, está bien, si no lo tienes claro… puedes hacerlo. Apuesta por ese caballo de sugestivo nombre que te recuerda al caniche de tu ex o por ese preparador que se parece a tu padre comiendo nueces o ve a ver la última de Hugo Silva porque ahora sí que quiere sentirse jockey de élite, no como esos que desgastan su vida en los bares de los hipódromos sirviendo mojitos y esperando las-grandes-oportunidades. La inmensa mayoría de las veces, este experimento será como coger un billete de veinte euros, cambiarlo de bolsillo, devolverlo al bolsillo original y meterle fuego. Dinero quemado. Pero otras veces serás un estúpido alegre y satisfecho, habrás acertado el ganador de la jornada.

Epílogo: La intuición es necesaria en todo juego de azar. Pero la vida nos enseña a no andar por las alturas. Utiliza el principio de Guille. No el de Los Serrano, sino el de Ockham. Ve a lo fácil. Lo sencillo siempre corre más rápido. Por ejemplo, si andas traicionando tus votos maritales y has cambiado de peinado y rebajado veinte kilos tu figura y sigues pensando que tu mujer no lo sabe, que es una pobre ingenua que sólo piensa en el colegio de los niños. Sé listo. Apuesta por ese caballo que se llama My Wife Knows Everything (pero se calla) y  acertarás. ¡Mucha mierda!

Blog Gracia Ninguna, Antonio Rojano, 2011

* Por cierto, La función por hacer, años después de su estreno y de la escritura de este artículo, sigue dando guerra. Esta primavera podrá verse en el Teatro de La Abadía desde el 16 de mayo. Prohibido perdérsela.

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